La Era del Shinsengumi – Prologo

Prologo


Kioto (ciudad), Japón, febrero del 2028:

«Jōji… ¿por qué te has olvidado de mí?»

Él se despertó, sobresaltado pero no asombrado… Ya no lo tomaba por sorpresa. Se había casi “acostumbrado” a aquellos sueños. Después de todo, la frecuencia de al menos una vez por semana se había mantenido intacta desde hace doce años. Sí: Una frecuencia, un hilo de continuidad que parecía que nunca iba a llegar a su final. Jōji Tsukimoto se había pasado doce años de su corta vida soñando lo mismo… un sueño que venía sin falta, sin asombro, pero al mismo tiempo sin avisar. Esto sí, por lo menos, una vez por semana.

Corría el año 2028 y para ese joven de veintisiete años, todo lo restante de su vida era perfecta y comprensiblemente normal: Un muchacho japonés preparando su tesis para obtener el título que le acreditaba una maestría en Historia. Algo que no era sorprendente aunque muy meritorio. Era alguien que, no obstante, llamaba la atención. Tenía novia, pero no podía evitar las miradas ajenas de muchas féminas. Nunca pensó ser popular. Al ser hijo único, se había criado de forma solitaria y casi melancólica, con una amable pero triste sonrisa sempiterna en su rostro. Había estado rodeado de personas todo el tiempo, mas no podía evitar sentir que le faltaba algo…

«Jōji… ¿por qué te has olvidado de mí?»

Sí… tal vez la chica de ese sueño tenía la respuesta… ¡Si tan solo pudiera reconocerla! O verla… en primer lugar. Su voz sonaba extrañamente tanto masculina como femenina, si tal concepto fuese posible. Y nunca podía ver su rostro… Distinguía en su mente una silueta borrosa y desenfocada… tan borrosa y desenfocada que no se veía cómo andaba vestida. Parecía estar usando algo muy holgado y libre, porque el viento mecía su pantalón, o lo que sea que llevaba. Lo más distinguible de la silueta de aquella chica eran dos cosas: Una, que no era muy alta; y dos, que tenía un cabello especialmente largo.

Para Jōji era un alivio el tener una novia que comprendiera su situación y no explotara en un arrebato colosal de celos. Después de todo, no todas las chicas se sentirían muy tranquilas si su novio soñara tan frecuentemente con una “misteriosa mujer” que le pregunta siempre que por qué la ha olvidado… Él tenía la fortuna de que su novia entendiera que él estaba tan perdido y confundido con eso, como ella misma… E incluso también ¡quién sabe!, como la chica de la metódica pregunta.

Sin muchas dilaciones Jōji se preparó para ir a la biblioteca, pero su tutor repentinamente le había enviado un mensaje de carácter urgente. Tenía que dirigirse fuera de la ciudad de Kioto, e ir a Uji, para ver algo que recién habían encontrado otros historiadores y un grupo de arqueólogos. Siendo tan apasionado por la historia de su país, Jōji pensó que se avecinaba algo inmenso, y no perdió tiempo para ir.

En efecto. Sin tardar ni desperdiciar ni un minuto más, un poco emocionado como niño pequeño, Jōji se detuvo en el lugar indicado. Era una casa tradicional, pero nada fuera de lo común… excepto que al entrar al patio podía verse lo que parecían los restos de otra vivienda desocupada y antigua. Probablemente era un sitio de interés por el tiempo que llevaba intacto, pero Jōji no recordaba en lo absoluto que allí hubiera nacido alguien relevante, o se desarrollara un evento importante para la historia… “Pero, bueno… En realidad lo mejor de ser un historiador, es que siempre se puede descubrir algo nuevo”, pensó él.

Su tutor, un hombre ya entrado en la ancianidad, encorvado y con gafas, casi salido de un libro sobre “profesores viejitos y sabios”, lo saludó y lo invitó a pasar a una sala en la cual estaban otras dos personas. También eran historiadores. Sin más dilación, el tutor habló:

-Básicamente, y como puedes ver, estamos ante algo inesperado… Aunque en el fondo todos nos lo temíamos. Tsukimoto-kun, dime: ¿cuándo fue que escuchaste la historia sobre la mujer sin rostro?

Jōji parpadeó varias veces. Había recordado a la mujer de su sueño… Pero no era así. Sabía de quién le estaba hablando el profesor, y no era la misma persona.

-Creo que en la secundaria…-contestó él- Cuando profundizamos un poco más sobre el período del Bakumatsu y las guerras civiles de la década de 1860… Mi profesor nos hablaba sobre ella… Una misteriosa figura femenina que, según los más viejos, se paseaba entre las tropas en contienda, y que se cree que peleaba del lado de los pro-shogunato… La describen solo con el epíteto de la mujer sin rostro… Una joven con el cabello por los hombros, y una máscara blancade teatro kabuki.

-Exacto… Incluso a mí, que soy un anciano ya, mi sensei también me contaba acerca de aquella joven enmascarada y misteriosa…-dijo el tutor con una obvia expresión de nostalgia-… Y siempre había una frase sobre ella…

-“La mujer sin rostro es solo un mito de guerra”-continuó Jōji- Sí… Todo profesor que les hable a sus alumnos sobre ella, tiene que decir eso al final. Después de todo, la mujer sin rostro solo figura como una especie de leyenda urbana, o más bien, como un cuento tradicional. No existen pruebas concretas sobre si ella existió o no… Y personalmente no creo que una imagen tan extraña y fantasiosa como una muchacha enmascarada que se mueve entre hombres de guerra tenga validez histórica. Para esa época, las mujeres que querían pelear la tenían bien difícil para ser admitidas…

-Tienes razón en casi todo lo que has dicho, Tsukimoto…-corrigió el tutor- Salvo por un pequeño detalle… Ahora tenemos que decir que no “existían” pruebas, porque han aparecido. Y nos resta darles el calificativo de “concretas”.

Jōji se sobresaltó. Ante su reacción, el anciano profesor hizo señas a uno de los dos hombres que estaban leyendo en la sala, y estos se acercaron y pusieron una bolsa traslúcida frente al joven. Él miró detalladamente. No podía abrirla porque tenía que ser analizado su contenido, pero sí se veía claramente que dentro de esa bolsa forense había una foto muy antigua enmarcada…

-Esto es…-dijo el joven sin creérselo.

La leyenda urbana estaba viva en esa imagen:

Lo sorprendente es que cualquiera que conociera la historia, como lo hacía Jōji Tsukimoto, se daría cuenta de inmediato que estaban en esa foto dos figuras fácilmente reconocibles. Tan reconocibles, que incluso podría decir la fecha en la que la instantánea fue tomada.

-¿Esto es en Ezo?

Ezo, la única república que había existido en la historia de Japón, era actualmente Hokkaido. Pero Ezo había dejado de existir tras el triunfo de las fuerzas imperiales. La foto tenía que haber sido tomada en los años 1868 y 1869, preferiblemente este último.

-Lo es.

La respuesta del profesor no turbó a Jōji. Claro que era fácil de saber que en el momento cuando se tomó la foto, la República de Ezo aún estaba “viva”, y eso se debía a que podían verse claramente a dos hombres que dirigieron ese estado independiente: Su presidente, el almirante EnomotoTakeaki; y el bastante famoso samurái Hijikata Toshizo, por ese entonces comandante del casi extinto Shinsengumi, y también vice-ministro de las fuerzas armadas de Ezo.

Una fotografía histórica. Esos dos hombres juntos, en su república soñada pero efímera. Junto a ellos, un grupo de unos siete u ocho soldados que, a pesar de usar el uniforme francés, portaban katanas y, por tanto, eran samuráis.

-¿Este que está casi al final de la foto no es…?

-Saito Hajime, el mismo.

Por si fuese poco, el mejor samurái del Shinsengumi también estaba allí. Al tutor le sorprendió que Jōji fuera capaz de reconocerlo, ya que las fotografías que se tomaron de Hajime databan de años posteriores, mientras que en la imagen tendría unos veinticinco años a lo sumo.

Pero justo allí, al lado de Hajime, había una figura visiblemente femenina. Y era ella: La mujer sin rostro. Una persona de apariencia joven, cabello corto y un uniforme de color oscuro… Y una máscara de kabuki blanca, una máscara extraña que mostraba un rostro pálido y frío, con una boca enorme que esbozaba una macabra sonrisa que corría de lado a lado por la cara.

-Ella…

-Es real, al parecer…-sonrió el anciano-… Dudo mucho y pongo mi cuello donde sea a que esta foto es auténtica.

-No… Es que ella y Hajime… Los dos. Mire…

El anciano se acomodó los espejuelos y notó el punto común entre la misteriosa enmascarada y el samurái solitario.

-¡Vaya! Eso sí que es interesante. Tal parece que nuestra mujer sin rostro no era un mero objeto decorativo que se aparecía esporádicamente al lado del Shinsengumi. Jōji… Creo que nuestra investigación ahora va a tener más aristas para abarcar.

El joven estudiante se sacudió de hombros y se estrujó el cabello. Mirando a su profesor, sintió que tenía algo que decirle:

-No sé por qué, sensei… y es totalmente imposible… pero por un momento pensé que esta mujer enmascarada… se parece a alguien que conocí o que imaginé…


Ezo (actual Hokkaido), febrero de 1869:

Ella no tenía mucho tiempo… Solo podía pensar en eso: Se le estaban acabando los meses… Tenía que encontrar la forma correcta de cumplir con su objetivo. Tenía que salvarlo a cualquier costo pero… ¿cómo? Se le estaban acabando las opciones. No podía pensar en una solución lógica…

-La lógica para mí, desde el principio está muerta…

Cierto. No había solución lógica. Lo que ella estaba a punto de hacer… o más bien, lo que había estado haciendo por los últimos tres años, desafiaba toda comprensión posible y toda ciencia humana. Ya habían pasado los días de creer que estaba soñando, ya no era el momento de las dudas, ya no podía dejar de tener fe…

Una mariposa de color rojizo se acercó al pasto. La chica la miró de reojo, como quien no desea entretenerse ni perder el tiempo con cosas triviales…

-¿Perdiendo mi tiempo… eh?-suspiró y azotó con un pie el pasto, lo cual hizo que la mariposa volara- Déjame en paz, Lorenz… no te necesito a ti y a tu salvaje teoría…

La chica alzó los ojos al cielo y vio las nubes. Se preguntó cuándo iban a volver a estar limpias de petróleo… Incluso estando blancas, se sentía como si Japón estuviera perdiendo algo a medida que transcurrían las horas.

-Tsukimoto…Vamos a regresar…-dijo una voz de hombre detrás de ella.

La chica se volteó parcialmente y sonrió.

-Inmediatamente, mi señor…

Ella dejaba que el viento jugara con su cabello corto. No se sentía igual que antes, pero tomando un mechón, ella sonrió recordando cómo se sentían las manos de esa persona que consentía tanto su pelo. Pero la imagen de esa persona se volvió dolorosa, y la hizo acordarse de alguien más… Aunque se había prometido ser fuerte, aunque había decidido que la mejor opción era solo mirar al frente, aunque su mundo había sido intercambiado… Aun así… una tristeza se apoderó de su corazón…

-No… No debo dejar que nadie vuelva a ver esto jamás…-dijo la chica, y para ocultar sus lágrimas, se colocó una máscara blanca de macabra y enorme sonrisa; suspirando, no pudo evitar decir, otra vez, esa frase que estaba en su corazón semana tras semana, desde hace tiempo:-Jōji… Por favor, no te olvides de mí.

Y dando media vuelta, ambas, la mariposa rojiza, y la mujer sin rostro, tomaron rumbos opuestos.


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1 comentario en “La Era del Shinsengumi – Prologo

  1. Electro-Zombie

    esta historia está muy genial. Me encantó la forma en que parte la historia del prologo entre presente y pasado y da a mostrar una clara relacion que transcurre a traves del tiempo. Espero con ansias el próximo capítulo

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